jueves, 11 de abril de 2013

El campanario de la Mezquita




Las primeras noticias que tenemos del uso del alminar, construido en época de Abd al-Rahman III, como campanario cristiano datan de 1360, y pertenecen a representaciones gráficas y plásticas, como es el caso de las miniaturas de los libros corales conservados en la Catedral. Sin embargo, la inscripción más antigua que certifica el uso cristiano del alminar la lleva una de las campanas del reloj, que data de 1495, y dice que fue realizada bajo el obispado de Don Iñigo Manrique.
En el año 1593 el cabildo decide remodelar la torre campanario tras haber sufrido ésta numerosos desperfectos, debido, sobre todo, a una gran tempestad que azotó el 21 de septiembre de 1589 a la ciudad. El estado de la torre era lamentable, encontrándose casi destruido el chapitel ochavado que coronaba entonces la campana del reloj. El proyecto elegido fue el presentado por Hernán Ruiz III, hijo y nieto de los grandes maestros mayores de la Catedral.

Las obras ya habían comenzado en julio de 1593, y tenemos constancia de ello porque el cabildo nombró a un grupo de peritos para que supervisaran el estado de las mismas. El grupo de peritos estaba compuesto por personajes de gran importancia, como el maestro mayor de la Catedral Sevilla, Asensio de Maeda, su homónimo en nuestra ciudad, Hernán Ruiz, Juan de Ochoa y Juan Coronado. Éstos acordaron que las obras continuaran y se terminaran.

Durante el transcurso de los trabajos se realizó una torre provisional (algunos hablan de espadaña) sobre la Puerta del Perdón. En ella se colocaron seis campanas, con el fin de poder seguir regulando la vida religiosa de la ciudad sin interferir en las obras de la torre campanario. El segundo y parte del primer cuerpo del alminar musulmán fueron arrasados, quedando cegadas todas las ventanas. De esta forma, Hernán Ruiz III envolvió el edificio islámico con un grueso muro y llegó a cubrirlo hasta el cuerpo de campanas. Un cuerpo de campanas que, en cada uno de sus frentes, presentaba una serliana, o lo que es lo mismo, un arco de medio punto flanqueado por dos vanos adintelados, repitiendo el mismo esquema que realizara años atrás en el pórtico del trascoro catedralicio.

Las grandes inversiones que, a partir de este momento, se centrarán en la terminación del crucero catedralicio, provocarán que varias obras, incluidas las de la torre, se vean paralizadas. De hecho, en 1606 muere Hernán Ruiz III en 

Arcos de la Frontera, lugar donde había acudido para realizar un puente, por lo que no pudo ver terminada su obra.

Hasta 1616, año en que Juan Sequero de Matilla se hace cargo de la dirección de las obras, no tenemos constancia de actividad alguna en la torre. El en cargo del Obispo Fray Diego de Mardones consistió en terminar lo que no pudo concluir el anterior maestro, el cuerpo del reloj. Todos los estudiosos coinciden en que siguió las trazas de Hernán Ruiz III, es decir, una torre coronada por una linterna “bien labrada de ladrillo” cubierta con bóveda de media naranja y rematada por bolas (como hiciera esta en los cuerpos anteriores). Un año más tarde, en 1617, las obras habían acabado.

Curiosamente, a mediados del siglo XVII, es decir, apenas 30 años después la torre se encontraba en estado de “ruina inminente”. De hecho, el propio maestro Sebastián Vidal hizo la siguiente solicitud al cabildo: “la torre haçia sentimiento y que el maestro mayor abia dado una petición… dando cuenta de la mucha neçesidad que tenia de reparos…”. El cabildo decide entonces afrontar los desperfectos, contratándose a Gaspar de la Peña, quien fuera maestro mayor de las obras de la Corona en aquel momento. Con él se cimentaron y reforzaron los costados Sur y Oeste de la torre y se cerraron las puertas originales del alminar. En el lado Este se optó por una solución diferente para respetar lo más posible la Puerta del Perdón, realizándose un arco de descarga que se apoyaba sobre un antiguo pilar de la puerta y sobre otro nuevo hacia el patio, que obligó a destruir los dos arcos del pórtico y sustituirlos por uno más ancho. Las obras de la torre desvirtuaron, por lo tanto, el planteamiento inicial de la Puerta del Perdón, integrando ésta última en el esquema de la misma. En 1664 Gaspar de Peña añadió una nueva linterna al cuerpo de campanas, sobre la que se colocó un San Rafael, realizado por los escultores Pedro de la Paz y Bernabé Gómez del Río.
En 1727 una tormenta hizo verdaderos estragos en la torre, destrozando, entre otros daños, el pedestal del San Rafael. Pocos años después, el famoso terremoto de Lisboa de 1755 sacudió brutalmente el edificio, desplomándose numerosas partes, sobre todo elementos decorativos. El encargado de restaurar la torre fue el francés Baltasar Dreveton, durando las obras ocho años.







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