miércoles, 16 de noviembre de 2016

Monumentos del Barrio Gotico de Barcelona


Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona (1082-1131).

 

Conde de Barcelona, Girona, Osona, Besalú, Cerdaña, Provenza, Carcasona y Rasés, conocido con el apelativo de el Grande. Nacido en Rodés en 1082 y muerto en Barcelona en 1131. Fue el conde catalán más importante de su época y durante su gobierno desempeñó un importante papel en los asuntos europeos, aunque su principal característica de gobierno fue la constante lucha contra los musulmanes y los esfuerzos volcados en la repoblación de los territorios reconquistados.

Hijo de Ramón Berenguer II de Barcelona y de doña Mafalda de Pulla-Calabria, nació pocos días antes del homicidio de su padre, mientras su madre se encontraba de visita en casa de su prima Mafalda de Rouergue. Según el testamento de Ramón Berenguer I el Viejo, los condados pasaron íntegramente a Berenguer Ramón II, hermano de la víctima y principal acusado en el asesinato del conde Ramón.

Durante los primeros años de vida de Ramón Berenguer III, su tío, conocido como el Fratricida, le negó todo derecho a participar de la herencia de Ramón Berenguer el Viejo, pero en mayo de 1085 don Berenguer fue acusado formalmente de participar en la muerte de su hermano y debió defenderse ante un tribunal presidido por el obispo de Vic. Mientras, se entregó la custodia del joven Ramón Berenguer al citado obispo, Berenguer Sunifredo. Pero en la asamblea se decidió además entregar el condado de Barcelona a Alfonso VI de Castilla, lo cual no fue satisfactorio para todos, por lo que al año siguiente hubo una nueva reunión de notables presidida por el linaje de los Cabrera. En ella se determinó entregar la custodia del niño a su tío durante un periodo de once años, después de los cuales debería asociar al trono a su sobrino. Hasta agosto de 1089 Ramón Berenguer aparece actuando detrás del conde Berenguer. En 1091 el papa Urbano II convocó a tío y sobrino y encargó a ambos la restauración de la archidiócesis de Tarragona, acortando el periodo de tutoría, por lo que poco después Ramón Berenguer III ya actuaba sin supervisión alguna y desde cerca de 1093 tomó parte en el gobierno del condado como asociado al trono.

En 1095 participó junto con su tío en el asedio de Tortosa. Pero pronto comenzaron las disensiones entre Ramón Berenguer III y el Fratricida y se acentuaron con el traslado del obispo de Urgel, el vizconde Folc de Cardona, a Barcelona. En 1096 se retomó la acusación de asesinato sobre don Berenguer que, a finales de aquel año, se vio obligado a someterse al combate judicial ante la corte de Alfonso VI. Cuando el conde fue vencido y desposeído de su título, el título pasó a su sobrino, quien desde entonces (1096) gobernó en solitario, aunque con el grupo de colaboradores de su tío, que murió en peregrinación a Jerusalén.

Ramón Berenguer III se unió en 1097 a Artau I de Pallars y juntos atacaron Amposta. El año siguiente puso sitio a Oropesa, posesión del Cid, que había sido acérrimo enemigo del anterior conde, y en respuesta don Rodrigo atacó a los musulmanes de Morvedre, aliados de Barcelona. Con el levantamiento del cerco de Oropesa ambos señores llegaron a un acuerdo y se decidió casar a la hija del Cid, doña María, con el conde de Barcelona; el matrimonio tuvo lugar aquel mismo año de 1098. A finales de año los recién casados viajaron al monasterio de Ripoll; probablemente el Carmen Campidoctoris fue compuesto para esta ocasión.

En 1102 el avance de los almorávides había cerrado la expansión catalana hacia Valencia y el conde de Barcelona volcó sus esfuerzos en la toma de Balaguer. En 1107 los almorávides se introdujeron en Barcelona por el Penedés y tomaron el castillo de Gelida, tras destruir Olérdola a su paso. Ramón Berenguer III se vio obligado a pedir ayuda a Luis VI de Francia, pero el auxilio nunca llegó. Desde 1109 el conde favoreció la introducción en Cataluña de las Órdenes Militares, especialmente la de los Hospitalarios. Una cierta recuperación de las fuerzas catalanas permitió la reconquista de Olérdola, pero no la de Carcasona y Rasés. 

En 1111 Ramón Berenguer III se convirtió en señor de Besalú por extinción de su línea dinástica en la persona de Bernat III. Un año después culminó la reconquista de Carcasona y Rasés y recibió por ello homenaje feudal del vizconde Ató de Beziers y sus vasallos, que reconocieron tener sus territorios como feudos del conde de Barcelona, al que donaron una elevada recompensa.

En 1114 el conde de Barcelona fue nombrado comandante de una expedición organizada por los pisanos y en la que participaron hombres del Languedoc y de la Provenza, cuyo objetivo era la conquista de Mallorca e Ibiza. El éxito de la misión se tradujo en un alto número de rescates de cristianos cautivos y en la adquisición de un elevado botín. Pero mientras el conde Ramón se encontraba en la conquista de las islas, el condado de Barcelona fue atacado por los almorávides por el oeste (finales de 1114), siendo éstos rechazados; en primavera del año siguiente los musulmanes intentaron el ataque por el sur y la resistencia coincidió con el regreso del conde, que contribuyó decisivamente al éxito de las armas catalanas. En contrapartida, Mallorca e Ibiza fueron retomadas por los musulmanes tras la marcha de los aliados cristianos. En 1116 Ramón Berenguer el Grande proyectó una gran expedición contra los almorávides y viajó a Provenza e Italia para buscar ayuda; pero en Roma, la muerte del papa Pascual II, favorable al conde de Barcelona, entorpeció los proyectos de don Ramón. La coincidencia de éstos, con el ataque de Alfonso I de Aragón a Zaragoza, frustró los planes del conde, ya que el nuevo pontífice dio prioridad a la empresa del monarca aragonés. Sin embargo, Ramón Berenguer consiguió del papa la confirmación de Olegario como obispo de Barcelona y la orden papal a este último de aceptar la nominación.

A principios de 1117 Ramón Berenguer III se convirtió en conde de Cerdaña tras la muerte de Bernat Guillem sin sucesión. Un año después encargó al obispo Olegario la repoblación de la comarca y ciudad de Tarragona. Por estos años se consumó la independencia eclesiástica de Cataluña con respecto a las sedes francesas con el nombramiento del Olegario como arzobispo, lo que culminó un proceso de más de dos siglos. Desde 1119 el conde de Barcelona favoreció la repoblación en la zona de Les Garrigues, en un intento de aislar a Lleida desde el sur. Comenzó entonces un periodo de rivalidad entre el conde y el rey de Aragón, Alfonso I, por la posesión de Lleida y el avance hacia Valencia y Tortosa. Durante la campaña de Lleida el conde sufrió una derrota en Corbins que obligó a su ejército a la retirada.

Desde 1120 el conde volvió a tener preocupaciones más allá de los Pirineos sobre el dominio de Carcasona y Provenza, hasta verse obligado a firmar un acuerdo con el conde de Tolosa para establecer la jurisdicción sobre la Provenza (1125). En 1126 es seguro que don Ramón favoreció el establecimiento en Cataluña de la Orden de los Templarios, aunque es posible que el conde se hallase gestionando este asunto desde 1123. En 1127 trató de atraerse a los sicilianos para llevar a cabo una cruzada marítima, pero el proyecto no cuajó. En 1128 Ramón Berenguer III se convirtió en señor del pagus de Peralada después de desposeer de él al conde Ponç II de Ampurias, hecho prisionero tras rebelarse contra el conde de Barcelona.

Fue una costumbre extendida de los nobles del medievo la de ordenarse caballeros de alguna Orden Militar como medio de asegurarse en el juicio divino las ventajas de que disfrutarían los eclesiásticos. En 1130 Ramón Berenguer III, que debía presentir su muerte, fue ordenado caballero templario y murió un año después. Tras la muerte de su primera esposa, doña María, en 1104, el conde casó con doña Almodis, probablemente hija del conde de Mortain, con la que vivió unos cuantos meses de 1106. En 1112 casó en terceras nupcias con doña Dulce de Provenza, que aportó como dote la Provenza, lo que hizo que desde aquel año Ramón se titulase conde de Barcelona y Provenza; con ella tuvo dos hijos: Ramón Berenguer IV y Berenguer Ramón. En su testamento cedió el control de sus estados peninsulares, Carcasona y Rasés a su primogénito, mientras que a Berenguer le entregó el control de la Provenza. También el testamento recogía fundamentos jurídicos para la preeminencia de Ramón Berenguer IV sobre su hermano. Además tuvo el conde una hija, doña Berenguela, a la que casó en 1128 con Alfonso VII de Castilla como medio para frenar la influencia de Alfonso I de Aragón.

La llegada de los almorávides supuso para los reinos cristianos la detención de la entrada del oro procedente de las parias, por lo que el conde de Barcelona se vio obligado a acometer reformas fiscales desde 1113. El cambio de moneda de los mancusos a los moravetinos, la implantación del impuesto del bovatge sobre el ganado, la obligación de todo barco que atracase en su jurisdicción de pagar una alta tasa o la fiscalización de los artículos alimenticios en los mercados de Barcelona, fueron algunas de las medidas tomadas por el conde para asegurar el suministro de la Hacienda condal.






Muralla y torres de defensa de la ciudad romana de Barcino (Plaza Ramón Berenguer)

 

Desde la Via Laietana de Barcelona un espectáculo se abre a nuestros ojos. En la plaza Ramón Berenguer, detrás de la escultura ecuestre del conde catalán, un lienzo de muralla romana se alza exhibiendo encima la capilla gótica de Santa Ágata. Dos Barcelonas diferentes, la romana y la medieval, se encuentran aquí majestuosamente.

La plaza Ramón Berenguer el Gran nos ofrece una visión única de la Barcelona gótica y medieval. El que fue conde de Barcelona entre los años 1096 y 1131 da nombre al lugar y está representado en una solemne estatua ecuestre, obra de Josep Llimona. Pero lo más imponente de esta plaza es el paño de muralla romana, datada de principios del siglo IV d.C. Efectivamente, aunque la primera muralla de Barcelona data del siglo I a.C, esta se reforzó, tres siglos más tarde, con una segunda muralla.

Si nos acercamos, veremos que los materiales usados para la construcción de la muralla romana provenían, en muchas ocasiones, de restos reciclados de otros edificios. La muralla de Barcelona, que contaba con 74 torres, tenía unos 16 metros de altura. El carácter defensivo de esta construcción delimitaba el perímetro de la primera ciudad, de 1.350 metros. Fue durante el reinado de Pere III el Cerimoniós, en el siglo XIV, cuando se construyó la capilla real de Santa Àgata como dependencia del Palacio Real. La vemos sobria y elegante encima de la muralla que le sirve de cimientos. De estilo gótico, en su interior se exhibe una obra maestra del gótico catalán del pintor Jaume Huguet.



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